SEGURIDAD PÚBLICA

La tragedia de Ixtapilla: “El Gobierno me lo mató…”

Ayer lunes 19 de octubre se cumplieron tres meses de que en la comunidad michoacana de Santa María Ostula, en la sierra nahua, elementos del Ejército mexicano efectuaron un operativo en el que detuvieron al líder de los autodefensas Semeí Verdía Zepeda, acusado de una serie de delitos.



Sin embargo los habitantes de esas localidades enclavadas en la sierra nahua de Michoacán, no compartían la misma visión de las autoridades, pues consideraban a Semeí Verdía, uno de los suyos, que había tomado las armas que les había entregado el propio gobierno del estado de Michoacán, para que se autoprotegieran de los grupos delincuenciales que dominaban esa vasta región, causando violaciones, secuestros, asesinatos, robos, tráfico de drogas, cobro de piso a los productores, entre otras muchas cosas.



Aquél domingo 19 de julio, los vecinos de Ixtapilla, de Santa María Ostula y otras localidades, salieron a las calles a realizar una protesta en contra de la detención del líder de los autodefensas, considera la gente que el propio gobierno lo había traicionado…



Algunos armados con palos, la mayoría sin ninguna arma, estaban a la entrada de la localidad, protestando… cuando llegó el ejército que con toda su fuerza rompió los cercos, y entró a la comunidad.



A tres meses de aquellos hechos, Emilia García Cabrera, mamá del menor Idalberto Reyes García, muerto por disparos de fusiles de alto calibre, sigue clamando justicia, ve en los reporteros a sus aliados.



Vino a Colima, junto con su esposo Miguel Reyes y dos de sus siete hijos, “eran ocho, pero me mataron a mi más chiquito…ya nomás me quedan siete”, solloza Emilia, cuando platica con quien esto escribe.



Vinieron a Colima invitados por la dirigencia estatal de Morena, para desde Colima, dar a conocer que a pesar de tantas promesas que les hicieron, primero el gobierno del estado de Michoacán y luego muchos organismos de la sociedad civil, la realidad es que nadie los ha apoyado.



Emilia García Cabrera, una indígena nahua, de una figura menuda, de tez morena, requemada por las inclemencias del sol, “no(s) la pasamos trabajando en lo que haiga en el campo… nosotros no tenemos, como le digo, un dinero seguro, trabajamos todos en lo que va saliendo”, dice a este reportero.



Le pregunto si puedo entrevistarla de la muerte de su niño y contesta de manera afirmativa, y apenas le hago la primera pregunta cuando toda esa fuerza que dejaba ver, en medio de su pena, se derrumba y apenas alcanza a decir:



“Yo de verdad le pido….” es lo único que dice de corridito porque los recuerdos regresan a su mente y rompe en llanto, pero sigue hablando, mientras las lágrimas corren por esas mejillas morenas, y a manera de justificación dice: “es que me da sentimiento que mi niño está cumpliendo tres meses…”



En medio de sollozos, Emilia, de 51 años, con una estatura aproximada al 1.60, recuerda que el domingo 19 de julio cayó abatido por tiros de armas de grueso calibre, su hijo Idalberto, “…era el más chiquito, tenía 12 años y me lo mataron…”, relata.



“Me da sentimiento que hoy mi niño está cumpliendo, tres meses, los está cumpliendo hoy, que el gobierno me lo mató… y la verdad yo si les pido que me hagan justicia…. Que hagan justicia para que castiguen (a quienes mataron a su menor hijo de 12 años), porque la verdad yo no me siento a gusto, de como ellos me quitaron a mi hijo”, narra la afligida madre.



Mientras ella habla, nos dejó de sentir esas mariposas en la panza… los negros ojos de Emilia, a veces claros, a veces nublados por las lágrimas me observan y continúa:



-“Me lo mataron… la verdad yo cuento con todos ustedes, que me apoyan, me ayudan y la verdad me siento a gusto de que aquí don Miguel (el dirigente de Morena en Michoacán) fue allá a la comunidad donde yo vivo y él me dijo que iba a hacer la lucha de ayudarnos, porque la verdad tenemos tres meses… ellos nos prometieron…”, vuelve a sollozar. Saca fuerzas de flaqueza y continúa:



-“Muchos jueron… jueron de México, de Morelia, de todos los lugares que jueron y nos dejaron…. A mí me dejaron muchos números de teléfono, me dijieron que hablara con ellos…. ellos me prometieron que en una semana (después del 19 de julio que mataron al menor Idalberto), me iban a ayudar con un recurso para cubrir todas las cuentas que yo debía… qué necesidad tenía yo de andar pidiendo, nosotros semos campesinos”, recuerda.



Relata que para poder sepultar al menor de sus hijos, contó con el apoyo de mucha gente de su comunidad: “Ora de allá de lo que se juntamos para mijo, todo lo consiguimos, todos dijieron que todos nos iban a ayudar y como hasta horita, ahora a mi niña (Yadibeth, que la acompañó a su viaje a Colima), que le iban a dar una beca y no se la han dado… ninguno, ningún apoyo nos ha llegado de todo lo que nos prometieron, despensas, todo y nada…”





Como a un animal



Entre sollozos la indígena nahua recuerda: “Nomás como decir que lo mataron y ya, lo dejaron ahí… como, la verdad… como que ellos mataron un animal”.



“La verdad es que mi niño era muy amistoso con todos”, recuerda Emilia, y luego dice:



“El día que lo mataron él no andaba en la calle, él no jue a la calle, yo lo mandé a comprar…. Yo lo mandé a comprar, están las cabañas allá abajo y yo lo mandé que fuera a comprar unos pañales y jabón, porque yo quería lavar, pero yo no sabía que el gobierno estaba desde aquél lado del puente, onde lo tenían por allá, yo no sabía que ahí estaba, yo lo mandé a comprar y él se jue”.



Recuerda Emilia que cuando Idalberto llegó a la tienda, “cuando llegue dicen que pidió los pañales, ni pagó los pañales y de este lado estaba la tienda y de este lado está un restauran, y entonces, como siempre a veces iba ahí al restauran con las muchachas ahí, entonces oyeron el ruido de que venían, se oía de allá, el ruido de los carros, fueron como unas patrullas, y empezaban a gritar y entonces le hablaron ellas (las muchachas del restaurante), le dijeren “vente pa’cá, hijo, no te vayas, vénganse”, y se jueron con unas nietitas mías que tengo de la otra muchacha y otro nietito, bien chiquito, así, también se lo llevó”.



“Y entonces rápido les hablaron y se metieron y en cuanto se metieron a la casa, cuando se metieron al restauran, ellas los jalaron y se metieron, al tiempo que iba cruzando y pasa el gobierno y en cuanto ellos se metieron, al cruzar adentro, así, cuando empezaron a tirar ellos, el gobierno empezó a tirar y esas fueron las primeras balas que les tocó a él, dicen, porque las muchachas nos dijieron cuando ellos estaban ahí, dijieron, los primeros balazos que tiró el gobierno, eso fue lo que le tocó a él”, recuerda Emilia.



Añade que cuando ella llegó “ya tenía rato de que estaba tirado ahí, porque yo, cuando ya me dijieron que ya estaba ahí, pues ya estaba tirado, él ya estaba boca abajo, con el montón de sangre que tenía mijo ahí, todo bien…”, Emilia rompe en llanto, está recreando la escena de ver a su hijo sin vida, siento que se me hace un nudo en la garganta



Y todavía en medio de sollozos dice Emilia: “me da mucha tristeza de mijo, saber cómo lo tiraron, lo mataron a las cuatro de la tarde… mataron a mi hijo… y yo cuando me metí adentro me dijieron, “al niño lo mataron”, ¿cómo que mataron al niño?, dicen mis muchachas, “sí amá”, dijo, el niño está tirado adentro, y ya, me juí y me metí adentro…”



“Yo sentí que lo agarré, y le hice así (hace el ademán como cuando se quiere abrazar a alguien), pero me dicen que no lo agarré… me dicen: “no lo agarraste, ama, el niño estaba tirado, no lo agarraste”, estaba… y yo me desmayé y ya no supe de ay pá allá, y ya me sacaron de allí y ya me llevaron a la clínica y ya, pues de allí ya se lo trajieron, pero ya estaba muerto”.



Recuerda que a su nieta, que también iba cruzando “también le tocó aquí (se toca un costado de la cabeza), le tocó una bala perdida, aquí de este lado (el derecho), aquí le dieron a ella, le dieron un rozón, le quedó la bala, pero ella sobrevivió, la llevaron a Guadalajara y hace todavía como unos 22 días que le quitaron la bala a ella, y aparte de ellos fueron más heridos, fueron como unos tres, a ellos creo que no les han quitado todavía la bala, los han llevado a Guadalajara, y todavía ahí los traen y allí andan”.



Se siente frustrada pues afirma que “la verdad que no cuento yo con nada, porque la verdad, no se acerca el gobierno para ir a platicar con nosotros como padres, no… nos dejaron al olvido y entonces pos yo si quisiera que ustedes me apoyarían en eso, que me ayudaran y que me hicieran justicia para ellos, que me los castigaran, porque la verdad no está bien lo que ellos hicieron…”



“Y ellos que dicen…. Ellos se ponen a decir, no pos jueron muchos Televisas, allá y a todos se les dice y ninguno subió la información, luego, luego se van al lado de gobierno y les dicen, no pos nosotros no lo matamos, el que lo mató fue la comunidad.” Emilia no acepta esa versión oficial:



- “¿Cómo lo mató la comunidad si no llevaban ni un arma?, si no tenían ninguna arma para que lo mataran… no es cierto señores lo que ellos dicen…”



- “Por qué no dicen ellos, que ellos jueron, si todos (en) la comunidad lo vieron, si no mataron a la gente es porque todos se tiraron al suelo, ¿por qué? Porque ellos (los soldados), tiraban con fin de darles a ellos, a todos los que estaban tirados en el suelo.”



“Ellos (los habitantes de la comunidad indígena) con palos, con piedras, ustedes creen que eso es la defensa de uno y ellos con sus buenas armas atenidos de que es el gobierno, ellos se apoderan con sus buenas armas… la verdad que no está bien lo que ellos andan haciendo”, dice Emilia.



“Si ellos los quieren cuidar que ellos los cuiden bien, pero no así, que diciamos nosotros: más antes, viamos al gobierno, le diciamos, no pues nosotros vemos el gobierno, nos vienen a proteger a nosotros y horita, a no; el gobierno qué dice, no pues horita vamos a ir a matarlos a ellos, en vez de que nos vayan a cuidar, en vez de que nos cuiden nos matan… mira donde jueron a matar a mijo…”, recuerda.



Y añade: “Es de cuenta como que a mí me quitaron un pedazo de carne, porque es mijo… para que ellos lo haigan matado, y ahora sí que sí el gobierno, no, yo no lo maté, no pos ya lo hicieron, hora sí dicen que ellos no mataron nada…”



“Por qué no dicen (la verdad de lo que ocurrió), no, luego dicen, no pues nosotros no tiramos, nosotros tiramos en el aigre, eso lo suben (a las noticias), eso sí, no pos nosotros tiramos en el aigre… ah ‘tonces mijo andaba volando, andaba en el aigre, por qué me lo mataron… si lo mataron dentro de un restauran, ahí lo mataron, adentro de la casa, entonces cómo dicen ellos que se pusieron a tirar en el aigre, entonces mijo por dónde salió…”, se cuestiona Emilia, que a pesar de la aflicción saca su rabia, su impotencia ante una verdad oficial que ella no acepta.



“Les digo, ¿por qué no dicen la verdad?, cuando lo hagan pero que digan la verdad, porque yo estoy diciendo la verdad, yo no estoy echando mentiras, estoy diciendo lo que es y yo quisiera que el gobierno también dijiera la verdad, así como yo lo estoy diciendo, porque así es…. Y la verdad, que yo les digo y les pido a todos ustedes que yo sí cuento con todos ustedes (los reporteros) porque yo sí quisiera que ustedes me ayudaran para que saliéramos adelante pues, porque la verdad yo no cuento con nada…. Es como decir que nomás me lo mataron y lo dejaron y ya aitoy, ¿con qué cuento?, con nada de lo que me prometieron…”





Puras promesas



Recuerda que a la semana de que mataron a Idalberto, llego un abogado a su casa “y dijo no pa’ la semana, señora, te va a llegar tu recurso pa’ que cubras todas tus cuentas que tienen ahí, lo que pusiste (gastaste), lo del novenario, lo de la sepultura, todo, y no solo eso, cada mes estamos rezando, cada mes….”



“Horita nos vamos a ir al ratito, vamos a rezar a las seis de la tarde (de este lunes), vamos a rezar, ya les dije yo a ellos, (a quienes la trasladaron a Colima) y me dicen, no, va a ser rápido y terminando ya se vienen (a Ixtapilla), porque les digo, ya en la tarde ya rezamos y toda mi gente viene…. Y cómo nomás van a llegar nomás así, cómo, yo cuando ya termina el rezo pos les damos así, les invitamos lo que hay, los invitamos para comer y cómo cree, le digo”.



“Ahí donde está el restauran, allí le rezamos, horita ya dejamos todos listo, ahí quedaron mis muchachos los otros, pues le digo, no tenemos de dónde más, y me dicen qué les vamos a dar, pos qué, a ver qué, no hay nada, pero hay que buscar la manera de cómo pa’ darle a la gente que nos van a acompañar, porque hasta eso, van muchos a acompañarnos a rezar, siempre, la verdad, es que sí se los agradezco y a todos ustedes”, dice Emilia.



Luego la mamá de menor asesinato exige castigo para quienes mataron a su menor Idalberto:



“Piensa el gobierno que nomás lo qui-hizo (lo que hizo) y ya ahí se quedó uno, sin nada. No, yo sí quisiera que hubiera, hora sí quisiera que hubiera justicia para ellos porque la verdad, que no se quede así. Yo sí quiero que se castigue a ellos pues, que los castiguen, para salir adelante, porque no quiero que se quede así”, insiste.



Emilia quiere seguir hablando de su niño, su dedo chiquito, me dijo, no sé qué decirle, le deseo mucha fortaleza y que tenga la certeza de que en el cielo hay un angelito, que tiene nombre, se llama Idalberto, la estará acompañando, “el señor así lo dispuso, no queda más que aceptar sus designios”, y entre lágrimas, mientras agarra mis manos me dice “está bien, gracias”, al tiempo que deja correr las lágrimas en sus mejillas.

JUAN RAMON NEGRETE
OSTULA, MICHOACAN
Octubre 20, 2015