CULTURA

Felipe Calderón, una memoria de olvidos y reclamos

Una confesión íntima marca el inicio del libro Los retos que enfrentamos: “Quiero aprovechar este espacio para hacer algunos agradecimientos. En primerísimo lugar a la persona más importante en mi vida, mi querida esposa Margarita. Ella ha sido mi luz, mi aliento y mis alas. Sin ella hubiera sido imposible llegar hasta donde llegué”.

Es acaso la única referencia que sobre sus sentimientos comparte el expresidente Felipe Calderón en este texto sobre su gobierno y cuyo subtítulo da cuenta del enfoque del mismo: Los problemas de México y las políticas públicas para resolverlos (2006-2012).

Si bien siendo el jefe del Ejecutivo federal tanto en discursos como en entrevistas siempre ventiló el reconocimiento a las cualidades de Margarita Zavala y la relevancia del vínculo conyugal, incluso en su trayectoria política —toda vez ellos se conocen en la militancia partidista del ala juvenil del PAN— en esta primera memoria de su paso por Los Pinos destaca la vehemencia con la que se refiere al rol que habría jugado en la estabilidad familiar.

En ese mismo apunte de la introducción agrega: “Y con ella, gracias a María, Luis Felipe y Juan Pablo, mis ‘nobletes chavos’, como solía decir mi padre, a quien tanto recuerdo. Mis hijos han sido la motivación fundamental de mi misión. El pensar en ellos siempre me hizo salir adelante y su comprensión y apoyo fue vital en estos años de severa exigencia para la familia”.

“‘Vamos a prestar a tu papá a México estos seis años’, les dijo Margarita antes de entrar a la Presidencia, cuando el menor aún no cumplía cuatro años. Lo entendieron y lo hicieron. Muchas gracias, hijos.”

En los agradecimientos están sus hermanos, los militares del Estado Mayor Presidencial que se han encargado de su seguridad, colaboradores cercanos de la casa presidencial y, de manera destacada, a su primer jefe de la Oficina de la Presidencia: “Juan Camilo Mouriño, que en paz descanse y que fue el personaje clave tanto para ganar la Presidencia de la República como para la organización inicial del gobierno”.

Al margen de esos comentarios que dan cuenta de sus afectos, a lo largo de las 339 páginas que contiene el libro no encontramos ningún párrafo que relate el sentir personal en las circunstancias más críticas o emotivas de su administración. Algunas de éstas, sin embargo, se encuentran evocadas en el aparato de fotografías que el texto de la editorial Debate contiene: cuando les leyó un cuento a unos niños de preescolar en la bliblioteca pública de las Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, dos años después del asesinato de los jóvenes de aquel barrio popular o la del muro espectacular que en esa ciudad se levantó, casi al cierre del sexenio, con la frase en inglés de “¡No más armas!”.

Las imágenes recrean sus convivencias con militares y soldados rasos, las visitas a la Plataforma México de la entonces Secretaría de Seguridad Pública (SSP), los encuentros con la sociedad civil para el impulso de la estrategia Todos somos Juárez, el arranque de grandes obras de infraestructura y la entrega de apoyos sociales.

Tache a Guerrero, Tamaulipas y Michoacán

Se trata de fotografías que ilustran momentos significativos de su sexenio, mismos que resultan escasos en el recuento escrito, ajeno a revelaciones o a comentarios que recreen las viviencias durante el ejercicio del poder presidencial.

Sin embargo, asume, en su condición ya de expresidente, una especie de nostalgia del afecto recibido por la gente de a pie: “Gracias a millones y millones de mexicanos que a pesar de la adversidad no dejaron de apoyarnos siempre con una oración, una palmada en el hombro, una palabra de aliento, una foto. Yo también los extraño mucho”.

Pero no hay alusiones a personajes concretos que, como la madre que perdió a sus dos hijos en la matanza de Salvárcar, alcanzaron alta repercusión en los medios y en la opinión pública.

Si bien cita algunos párrafos de sus intervenciones en el Alcázar de Chapultepec, cuando dialogó ahí con familiares de víctimas de la violencia criminal, Calderón no hace referencia directa al escritor Javier Sicilia, con quien habría protagonizado el 23 de junio de 2011 uno de los capítulos más tensos y sentimentales de su gobierno.

Encontramos, eso sí, en ese apartado correspondiente a seguridad, señalamientos directos de las entidades que habrían incumplido los compromisos que en la materia los gobiernos estatales hicieron con la Federación.

Al señalar que los operativos de seguridad con la participación del Ejército y la Marina tuvieron resultados en Baja California, Chihuahua y Nuevo León, porque hubo colaboración de las autoridades locales, el expresidente aborda el caso contrario:

“En aquellos lugares donde los gobiernos locales no depuraron sus cuerpos policiacos, los operativos federales sólo tuvieron un efecto temporal, pero la situación dista mucho de resolverse, y en cuanto se reducía la presencia federal el problema se agravaba. Ese es el caso de Guerrero, Tamaulipas y, especialmente, Michoacán.”

Calderón vuelve a señalar esos estados como omisos, y agrega a Durango, cuando afirma que la obligación legal de depurar los cuerpos policíacos “no se está cumpliendo en todas la entidades”. Y advierte que no es causalidad que, ahí donde la tarea no está hecha, los problemas sigan siendo serios. Y enseguida agrega: “El Poder Judicial debe iniciar un proceso similar”.

El apartado sobre la Estrategia Nacional de Seguridad contiene un detallado análisis de los ejes que la conformaron y de la evolución del fenómeno delictivo cuando avanza hasta infiltrar a las instituciones del Estado. Son reflexiones similares a las que compartía en sus discursos presidenciales, con el agregado de que en el libro da ejemplos que clasifican el grado del problema en algunas entidades.

Pone de ejemplo a Yucatán y Querétaro como espacios donde el crimen en una etapa “predatoria” no tienen capacidad de desafiar al Estado; indica que el Distrito Federal es un caso donde se da la etapa “parasitaria” en la cual las bandas buscan incrementar sus ganancias y usan parte de éstas para cooptar y corromper.

De la tercera y última fase, la “simbiótica”, comenta que es cuando las autoridades electas o designadas se encuentran subordinadas a los grupos criminales. “Es decir, no hay una distinción entre Estado y crimen organizado. Ése llegó a ser, en buena medida, el caso de Michoacán”, enfatiza.

En la defensa de su estrategia, Calderón expone que al llegar a la Presidencia se encontró con “una feroz plaga”, “un problema real, de raíces viejas pero con características nuevas como la lucha terroritorial” y argumenta que desatenderlo puede generar “auténticas puertas falsas”, como las guardias comunitarias o los grupos de autodefensa que “hoy añaden mayor complejidad al problema de seguridad en varias entidades”.

Reitera la metáfora utilizada en su narrativa presidencial del cáncer como una realidad inevitable y del equívoco que representa culpar al médico que lo detectó cuando se sufren las consecuencias de la enfermedad y del tratamiento. Y plantea: “La buena noticia es que si se atiende a tiempo –y ese es el caso de México– es curable”.

Igualmente reitera frases que compartió en el balance sexenal hacia finales de 2012: “Yo prefiero asumir la crítica así sea injusta, de haber actuado, a quedarme con el cargo de conciencia de haber visto el problema y –por conveniencia o cálculo político– no haber hecho nada”.

Lamenta el hecho de que “la simpleza” del concepto “guerra contra las drogas” utilizado en los medios de comunicación y “entre ciertos académicos” propiciara la estigmatización y la incomprensión del esfuerzo que se hizo para enfrentar al crimen organizado.

Reivindica lo hecho en términos de inteligencia y sostiene que sin ésta habría sido imposible capturar a 17 cabecillas de organizaciones criminales.

También habla de la prevención y atención a jóvenes adictos. “A través del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia, bajo la discreta pero muy activa labor de mi esposa Margarita Zavala, se puso en marcha la campaña nacional Información para una nueva vida!”

Excelsior.

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Entrelíneas/redacción
Ciudad de México
Agosto 17, 2014