COLABORACIONES

TECOMÁN A LA VENTA:

Agosto 21, 2017



Hay 3,500 hectáreas a la venta en Tecomán. Los productores dejaron de trabajar la tierra por miedo a la inseguridad. Volvimos al tiempo en que era peligroso ir al rancho.



Adalberto Carvajal



Más de 3 mil 500 hectáreas de buenas tierras (ranchos con huertas de limón y otros frutales, así como terrenos de cultivo donde se han producido toneladas de hortalizas en los últimos años) están ahora a la venta en Tecomán.

Sus propietarios las malbaratan porque están ociosas. Y lo están porque los productores del valle sienten temor. Connotados agricultores han sido secuestrados y otros apenas lograron escapar de los malhechores que intentaban plagiarlos.

Cuántas personas han sido privadas ilegalmente de su libertad y cuánto dinero se ha pagado como rescate, es algo de lo que los tecomenses hablan en voz baja y de los cual no se han ocupado los medios periodísticos.

No hay noticias porque carecemos de información oficial y porque las familias afectadas han procurado que su propia historia no se filtre a las redes sociales. Sin embargo, la evidencia de lo que está ocurriendo en Tecomán son los dos regimientos de la Policía Militar (PM) que llegaron la semana pasada.

Como en su primera incursión en el estado, en febrero de este año, la PM ha estado colocando retenes a las entradas y salidas de la otrora capital mundial del limón y en Armería, aunque también he visto esos mismos puestos de revisión en Colima y seguramente los hay en Manzanillo.

Lamentablemente, como la otra vez que estuvieron aquí los policías militares, sus operativos no logaron disuadir a los sicarios de atentar contra la vida de quienes violaron las leyes no escritas del hampa. Si bien es posible que una mayor presencia castrense haya salvado la vida de alguna potencial víctima de asesinato. No lo sabemos.

La Policía Militar es un cuerpo del Ejército que se ha especializado en combate urbano, lo cual incluye no solo determinadas tácticas sino también un entrenamiento orientado al trato con la población civil, con énfasis en el respeto a los derechos humanos.

Son conocimientos, habilidades y actitudes que las tropas regulares no tienen, pues en materia de combate al narcotráfico han sido entrenadas para la detección y destrucción de plantíos.

Ante la falta de una ley de Seguridad Interior y la ambigüedad en las funciones que la Constitución confiere a las fuerzas armadas, el uso de soldados e infantes de Marina en acciones contra la delincuencia organizada ha sido muy criticada. Que sean policías, aunque sean militares, resuelve muchas de esas impugnaciones a la presencia en las calles del Ejército y la Armada.

Para la población es lo mismo. Se trata de uniformados, bien armados, y aunque probablemente llegaron a Colima como resultado de un ciclo de rotación por los estados con mayores índices de violencia criminal, y no a pedido especial del gobernador Ignacio Peralta (pues si de solicitarlos se tratara, no los habrían dejado irse la primera vez cuando estuvieron por unas pocas semanas), que estén aquí supone una respuesta del Estado al reclamo de protección que los productores tecomenses le han venido haciendo al Ejecutivo local.

Según se sabe, la PM no cobra por sus servicios a los estados. Ya está presupuestado en el gasto militar el trabajo de estos regimientos. Con todo, se espera que los gobiernos estatales que los acogen dispongan de un lugar donde puedan alojarse, con instalaciones sanitarias adecuadas, y eroguen alguna cantidad para la compra de alimentos que, por lo demás, ellos mismos se cocinan.

Los agricultores de Tecomán han exhortado a la autoridad estatal para que, esta vez, no se deje ir tan pronto a la PM… con la excusa de la austeridad gubernamental. Y es que no hacer nada para frenar la inseguridad en la que fue “la chequera del estado”, provocará que el campo colimense colapse definitivamente como sector productivo.

Hay miles de hectáreas ociosas en Tecomán y ya no sólo por el azote de plagas como el HLB, por la caída en los precios que paga el ingenio de Quesería, lo cual acabó con las expectativas de quienes reconvirtieron sus limoneras en cañaverales, ni por los efectos a largo plazo del TLC.

Los productores tecomenses y armeritenses dejaron de trabajar la tierra por miedo a la inseguridad. En estos meses regresamos a aquellos años cuando se volvió impensable que el propietario visitara su rancho, cuando los caminos rurales eran una trampa mortal y en las plantaciones se recibían inesperadamente la visita del “jefe de la plaza” para cobrar piso o exigir el desalojo de los predios.

A las 3 mil 500 hectáreas que se han puesto a la venta, casi por lo que les den, hay que sumarle el número de casas y residencias en Tecomán que se ofrecen al mejor postor. Sus propietarios se han venido a vivir a Colima o emigraron a Guadalajara, con un plan de vida que implica devorar sus ahorros e invertir el capital que les queda en la educación superior de los hijos, para que éstos puedan dedicarse a una actividad distinta a la que realizaron sus padres y abuelos: la producción agropecuaria.

Y luego nos sorprendemos porque Tecomán y Armería son hoy dos de los municipios más pobres del país. Se acabó el “oro verde” y aunque eso implica una desgracia para agroempresarios y propietarios rurales, para los trabajadores del campo es una tragedia.

No hay vacantes para jornaleros en huertas que, antes, ocuparon miles de manos para levantar cosechas y empacar la fruta. Una generación completa de tecomenses no ha conocido el empleo. Pero esos jóvenes tienen que comer, quieren vestirse, divertirse y, en un número ascendente, evadirse de la realidad.

No nos asustemos, entonces, por el aumento en las adicciones ni por la comisión de delitos, tanto comunes como de ilícitos contra la salud. No nos preguntemos de dónde viene esta violencia criminal. Antes del huevo fue la gallina.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio web CARVAJALBERBER: www.aacb2.com.

ADALBERTO CARVAJAL

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