COLABORACIONES

Otro oaxaqueño en Washington

Abril 28, 2016

El embajador Carlos Manuel Sada Solano lo toma muy en serio. No es para menos. Tiene una tarea de titanes y ojalá no sea demasiado tarde para enderezar el barco de México en Estados Unidos en momentos en los que el precandidato republicano a la presidencia de EUA, Donald Trump, lleva delantera al exaltar en muchos allá la animadversión a México, los mexicanos y lo mexicano.

Y que esos muchos estadounidenses nos vean feo y nos reprochen hasta el modo de andar es histórico:

En 1799 Timothy Pickering, quien fue secretario de Estado con George Washington decía que los mexicanos “son crueles, perezosos, corruptos y afeminados más allá de cualquier ejemplo”; en tanto John Adams espetaba que era “tan absurdo hablar de establecer democracias entre los pájaros, los animales y los peces como entre los hispanoamericanos…” [JZ Vázquez].

La historia de las relaciones entre ambas naciones ha sido difícil y hasta envenenada, no es raro, por tanto, que entre ambos exista resentimiento mexicano y desprecio estadunidense; y aunque hay millones de ellos que no comulgan con esas ruedas de molino, lo cierto es que desde el 16 de junio de 2015 hemos estado en boca de todos, allá.

Así que lo de Donald Trump no es novedad, aunque sí lo más reciente y peligroso para México; pero en particular para los mexicanos que viven, crecen y producen en EUA. Esto es así porque de pronto apareció en su panorama político este hombre que en su ignorancia y resentimiento hacia México ha enloquecido y ha despertado el espíritu xenófobo de muchos conservadores y ultra conservadores en el país del calvinismo.

Desde el inicio de su campaña para ser candidato, Trump puso a México en el centro de sus ataques; al principio se creyó que era un payasín de feria que quería llamar la atención; lo sorprendente es que pronto su discurso xenófobo y racista calaba en el ánimo de muchos de los republicanos estadounidenses. “Los mexicanos son violadores y traen drogas y crimen; nuestros trabajos son succionados…” dijo entonces, y dice.

De ahí en adelante no le paró la lengua para agraviar de forma constante al tema mexicano. Dice que si es presidente de EUA mandará a construir un muro a lo largo de los 3 mil kilómetros que separan a su país de México y que ese muro lo habrán de pagar los mexicanos; que se irá en contra del déficit comercial y las remesas de trabajadores mexicanos, y que en caso de que México no quiera pagar el muro podría hacer una guerra en contra de nuestro país… y tal y tal…


El problema no es nada más que el señor Trump escupa sus locuras, lo es que haya multitudes que lo aprueban y lo llevan como su más cercano aspirante a ser candidato republicano, que es decir, a las puertas de la presidencia estadounidense.

Pero mientras todo esto ocurría de junio de 2015 a la fecha, el gobierno mexicano descansó mirándose en el espejito-espejito. No hubo una estrategia de control de crisis y mucho menos una actitud al mismo tiempo digna, responsable y diplomática, en tono de Estado…

Todo lo contrario. En septiembre de 2015, en plena crisis Trump-México, en un acto de absoluta irresponsabilidad de todos los involucrados, el gobierno de México envió como embajador a Miguel Basáñez Ebergenyi, un experto encuestador pero inexperto diplomático. Así que transcurrieron siete meses absolutamente dañinos para México y los mexicanos allá.

Es hasta el 5 de abril cuando se propone a Carlos Manuel Sada Solana como embajador de México en EUA; un ingeniero nacido en Oaxaca en 1952 y quien en 1986 fue secretario de Desarrollo Social y Económico del gobierno de Oaxaca, luego en 1992 fue electo (PRI) como presidente municipal de la ciudad de Oaxaca. Al término de su gestión retomó su carrera diplomática, siempre en Norteamérica: Canadá y Estados Unidos.

Es un hombre muy experimentado en materia diplomática y de comercio exterior. Sabe paso a paso el estado de la situación mexicana con Estados Unidos y la aportación productiva de los mexicanos en EUA. Sabe la importancia del comercio entre ambos países y lo importante que México es en todo esto.

Conoce las fortalezas y debilidades de esta relación y sus actores y por lo mismo tiene clara su estrategia de solución y respuesta sin caer en la provocación de verse involucrado en la política interna de aquel país y mucho menos en su proceso electoral.

En septiembre de 1863, Matías Romero, otro oaxaqueño, se presentó a Abraham Lincoln como representante del gobierno mexicano y fue él quien en 1898 consiguió que la Legación Mexicana alcanzara el rango de embajada: él su primer embajador y por años fue el gran diplomático frente a la ya potencia estadounidense, en momentos de crisis y de confrontación. Con errores propios de las circunstancias, y con más aciertos, lo hizo muy bien…

Esta vez otro oaxaqueño acude a una cita importante. La de recuperar el respeto y la dignidad de México en el ánimo de muchos allá, la de conseguir que a México se le vea como una nación con mexicanos que trabajan y producen y que merecen ser respetados y respetarse; que requieren justicia justa y dignidad en el trato…; que se vea a un país rico en sí y cuyo comercio con Estados Unidos es benéfico para ambos y ambos se necesitan: esa es su responsabilidad.

Esto lo conseguirá con el apoyo de todos en México, y de los mexicanos que están allá. ¿Cómo? Entendiéndonos en nuestra responsabilidad nacional y en nuestro futuro ¿Cómo? Eso está por verse en tanto nuestros representantes legislativos sean nuestros auténticos representantes y en tanto el gobierno mexicano lo deje hacer su trabajo y no mete la pata de nueva cuenta… porque… bueno… las relaciones internacionales no son alfombra roja…

JOEL HERNANDEZ SANTIAGO

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