COLABORACIONES

OJO DE MAR

Septiembre 20, 2017

Adalberto Carvajal

TREINTA Y DOS AÑOS DESPUÉS:
Invitado por Alex Berber y Héctor Villa a su programa En Concreto que se transmitió por Facebook Live, Freshradio y en el sitio CARVAJALBERBER, al conmemorarse un aniversario más del gran sismo del 19 de septiembre en la ciudad de México recordábamos que en 1985 los colimenses no nos enteramos de los daños ocurridos en la capital del país hasta por la tarde, cuando se reanudó la transmisión televisiva.
Hubo que esperar hasta el día siguiente para leer en la prensa acerca de los estragos que dejó el sismo en Ciudad Guzmán, urbe gemela de Colima al otro lado de los volcanes. Y precisar lo que había ocurrido en la capital del estado, donde se registró el derrumbe de una barda si no mal recuerdo.
En el entonces Distrito Federal, los habitantes de la periferia no supieron que el centro histórico estaba destruido. Incluso, en las colonias más cercanas al primer cuadro hubo quienes se fueron a trabajar sin saber que a unas cuantas calles de distancia había edificios colapsados.
Se ha vuelto icónico el momento en que se interrumpe la señal del Canal 2 cuando Lourdes Guerrero y Juan Dosal estaban al aire, en el noticiero Hoy Mismo que conducía Guillermo Ochoa, quien ese día no estaba. Muy cerca de Chapultepec 18, en la esquina de Dr. Río de la Loza y Cuauhtémoc, Pedro Ferriz de Con estaba al aire en Radio Fórmula, cuando se vino abajo el edificio y quedó atrapado. Como ellos, todas las voces que se oían en la radio y la televisión a esa hora (las 7 de la mañana con 17 minutos y 47 segundos) fueron silenciadas.
Dos de las tres torres que sostenían las antenas de los cuatro canales de señal abierta de Televisa cayeron y el edificio de Noticieros, un inmueble de varios pisos que era parte del complejo de inmuebles que se fueron integrando al original Televicentro en la colonia Doctores, se derrumbó sepultando a más de 80 trabajadores del consorcio.
Así lo describió Jacobo Zabludovsky en la crónica que fue haciendo a través del radio teléfono, mientras recorría en automóvil la zona más afectada, pasando por lugares como el eje Lázaro Cárdenas, donde cayó el edificio de la Super Leche, o la Alameda Central, donde se derrumbó el hotel Regis entre otras construcciones, hasta llegar a su “casa de trabajo” que todavía ocupa la manzana ubicada entre la calle Dr. Gutiérrez Zavala y las avenidas Chapultepec, Niños Héroes y Dr. Río de la Losa.
Aunque hoy es un clásico del periodismo radiofónico, la señal de la XEW por la que transmitió Jacobo en vivo y en directo sólo se captaba en el altiplano. La podemos escuchar en YouTube, luego que Televisa editó el audio con imágenes de la época para una versión conmemorativa por el décimo aniversario de los sismos (el del 19 y el del 20 que, según los expertos, fue un segundo terremoto y no una réplica del primero).
En 1985 no existían los teléfonos celulares ni las redes sociales, al menos no estas digitales sino las naturales de boca en boca, y la red de telefonía por hilo colapsó. Por eso, días después del terremoto en la televisión se leían los nombres de las familias que estaban ilesas, y los lugares de la república donde residían los parientes que podrían estarse preguntando qué fue de sus allegados.
Así como la información fue fluyendo a cuentagotas, el relato completo de la tragedia se conocería días, semanas e incluso años después, cuando comenzaron a publicarse las crónicas (Nada nadie, las voces del temblor, de Elena Poniatowska o No sin nosotros, los días del terremoto 1985-2005, de Carlos Monsiváis) reportajes (como Ciudad quebrada: consecuencias del terremoto de 1985, de Humberto Musacchio) y novelas sobre el temblor (como Taíb de Ricardo Garibay).
Toda una literatura del fenómeno telúrico que no sólo rescataría historias de vida ejemplares, sino que destacaría el surgimiento de una sociedad civil organizada que, a su vez, daría paso al movimiento ciudadano que hizo caer al sistema político en 1988.
El priato sobrevivió al terremoto electoral. Pero una consecuencia de las graves críticas al gobierno de Miguel de la Madrid, por la manera pasiva e indiferente con la que se condujo en la emergencia, generó la adopción por parte del discurso político de toda esa nomenclatura de la protección civil que ayer sonaba a palabras huecas en los actos conmemorativos: simulacro, alarma sísmica, rutas de evacuación. Y a pura vacilada durante el terremoto: no grito, no corro, no empujo...

DOS SISMOS, DOS:
Al cumplirse 32 años de aquel sismo devastador, ocurrió otro en la zona centro del país. El binomio telúrico de 1985 se emula al sumar este temblor del 19 de septiembre de 2017 al terremoto ocurrido el 7 de septiembre, el más fuerte en un siglo, que fue sentido en la Ciudad de México y causó severos daños en Chiapas y Oaxaca.
Tanto uno como otro movimiento apenas fueron percibidos en Colima, aun cuando algunas personas entraron en pánico, quizá al relacionar la efeméride con la memoria colectiva que registra por lo menos un terremoto por década.
Minutos después de haber sentido el mareo, salimos de dudas respecto a la ocurrencia del sismo con las alertas que hablaban, primero, de un sismo de 6.8 grados en las escala de Richter, dato que luego fue elevado a 7.1 por el Servicio Sismológico Nacional.
Casi de inmediato la radio y la televisión confirmaron desde la metrópoli que el terremoto había causado el desplome de varios edificios. La programación regular se suspendió y dio paso en la mayoría de los canales a una cobertura informativa del fenómeno y al seguimiento de las acciones de rescate.
Las mejores imágenes, sin embargo, no se las debemos a los grandes medios sino a ciudadanos anónimos que registraron con su teléfono móvil el momento en que edificios enteros se derrumban, los cristales de ventanas y aparadores estallaban, las fachadas de vecindades en ruinas u oficinas públicas se desprendían sobre las aceras o cuando las trajineras de Xochimilco se balanceaban sobre el fuerte oleaje.
Para saber si los familiares que viven en la zona afectada estaban bien, sólo tuvimos que revisar sus perfiles de Facebook, la cuenta de Twitter, el historial de Instagram o el chat de WhatsApp. Y todas las personas pudieron comunicarse con sus seres queridos sin que sucumbiera la red telefónica ni la telefonía inalámbrica.
En Televisa, Joaquín López Dóriga –quien a esa hora tenía que estar al aire en Radio Fórmula– se hizo cargo de la transmisión especial dado que la conductora del noticiero estelar, Denise Maerker, formaba parte en ese momento de la comitiva que acompañaba al presidente Enrique Peña Nieto a Oaxaca para continuar con la labores de apoyo a los damnificados. A punto de aterrizar, el avión oficial dio media vuelta pero a su regreso tuvo que bajar en la base área de Ixtepec porque el aeropuerto de la Ciudad de México sufrió daños.
Tras sobrevolar la capital en el helicóptero presidencial, Maerker llegó a Los Pinos desde donde se trasladó a Televisa Chapultepec en una motocicleta militar. Mientras recorría las calles de la Condesa, la colonia Hipódromo y la Roma, Denise fue relatando vía telefónica lo que veía. Al llegar al estudio, presentó los videos que grabó durante el trayecto.
En la pantalla un reloj digital marcaba las 4 de la tarde, el sismo había ocurrido a las 13:14 horas. Fue entonces cuando vimos llegar a los infantes de Marina a ayudar a los voluntarios que trataban de sacar víctimas de los escombros. Los vecinos y muchos capitalinos venidos de otras partes de la ciudad, llevaban casi tres horas luchando por salvar vidas.
El plan MX (presentado en 2014 como una manera de coordinar a las instancias de gobierno involucradas en la protección civil, con el fin de reducir los tiempos de respuesta, evitar duplicación de tareas y atender con mayor efectividad cualquier emergencia) tardó todos esos minutos –decisivos para un rescate– en activarse. La transmisión en tiempo real lo evidenció.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en el sitio web CARVAJALBERBER: www.aacb2.com.

ADALBERTO CARVAJAL

¡ANÚNCIATE AQUÍ!