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COLABORACIONES

NAIM: lo que está en juego

Octubre 17, 2018

Bitácora reporteril

César Barrera Vázquez
Estoy categóricamente en contra de la consulta que definirá el destino, si se construye o no, del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). Me opongo a la consulta por una sencilla razón: creo que la decisión debe respaldarse en lo que dicen los estudios técnicos (aeronáuticos) y la opinión de los expertos en la materia.
Cuando tenemos un fuerte dolor en el cuerpo, consultamos al médico; cuando se descompone nuestro vehículo, acudimos al mecánico; cuando vamos a construir una casa, nos asesoramos con el arquitecto. ¿Por qué, entonces, cuando se trata de la construcción de un aeropuerto, dejamos tan importante decisión a quienes carecen de los conocimientos necesarios?
Yo lo reconozco: ignoro, totalmente, cualquier noción elemental de la aeronáutica, de la construcción de las rutas áreas y pistas de aterrizaje, así como del funcionamiento de un avión y un aeropuerto. Y creo que la inmensa mayoría de los mexicanos desconocemos los conocimientos abstrusos de la ingeniería aeronáutica.
Y es así, porque simple y sencillamente son cuestiones que les competen a los expertos (más allá de la causalidad física de la gravedad, si fueran conocimientos elementales los enseñarían en la primaria). Pero ahora resulta que serán poco más de 500 mil ciudadanos, quienes decidirán el destino de esta obra, en la cual se han invertido miles de millones de pesos, la mayoría de estos recursos provenientes de la Iniciativa privada.
No es un asunto menor: la decisión impactará, sin duda, los mercados financieros, ya de por sí veleidosos y endebles al clima especulativo. Y será así porque la confianza de los inversionistas saldrá seriamente afectada: ¿cómo queda la credibilidad del gobierno cuando impulsa, en grado superlativo, la construcción de una obra que considera magna y después, por los avatares políticos, la misma figura institucional le da marcha atrás?
Por lo demás, refleja cierta intransigencia política del presidente electo Andrés Manuel: empecinarse en impulsar el aeropuerto de Santa Lucía, sin un solo estudio técnico que avale su funcionamiento, y ahora imponer la consulta, que equivale a echarse un bolado, para ver si se continúa la construcción del NAIM. Revela, además, cierta proclividad: ¿por qué el NAIM si va a consulta popular y el tren Maya no? ¿Por qué aquél sí y éste no?
Coincido: que se castigue cualquier acto de corrupción relativo a la construcción del nuevo aeropuerto, y si van a invertirse recursos públicos que sean escrupulosamente aplicados. Es más, si se opta por sólo financiamiento privado, pues mejor. Pero que la obra y el proyecto continúen.
Lo de menos es el costo de la consulta –1 millón 500 mil pesos-, sino la posibilidad de impulsar un proyecto inviable como el de Santa Lucía, el impacto financiero de esta decisión y comprometer la seguridad de cientos de miles de usuarios del transporte aéreo: México está a nada de perder los certificados que garantizan la seguridad de sus rutas aeronáuticas, esto por el saturación de vuelos.
Hay que recordar que el funcionamiento y operación de los aeropuertos se rigen por normas internacionales, por lo que hay sanciones si se incumplen, al grado de poner en riesgo la operatividad del servicio. Todo esto está en juego. No es sólo una consulta.
Dos puntos
En su visita a Colima y tras la reunión que sostuvo con el gobernador Ignacio Peralta, el presidente electo Andrés Manuel aseguró que seguirá apoyando al estado, sobre todo en el tema de seguridad pública. Durante este periodo de transición, AMLO ha reajustado su discurso y rectificado algunas decisiones, como la de la amnistía y el retiro de las fuerzas armadas de las calles. Por eso canceló los foros de seguridad. Andrés Manuel debe entender que ya no está en campaña y que debe decidir en función del bien colectivo, sin importar si esto afecta su popularidad. En el caso de la reforma educativa, también debe dejar de lado su derogación y enfocarse en mejorarla. Eso es lo ideal.

CESAR BARRERA VAZQUEZ

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