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COLABORACIONES

Los hechos le dieron la razón

Agosto 22, 2018





César Barrera Vázquez

A principios del 2017 se generó una gran efervescencia mediática por la concesión que se dio a un empresario para que invirtiera y administrara el Parque Regional Griselda Álvarez, un espacio con un gran potencial pero que estaba prácticamente en el abandono: se murieron los changos –sin que nadie se rasgara las vestiduras en ese entonces—y los leones, su principal atractivo, provocaban lástima y conmiseración, pues evocaban la imagen de dos famélicos perros vagabundos.  

Así, con más pena que gloria, pasaban los días en el parque regional. Recuerdo que en una ocasión, cuando recorría el parque con el anterior administrador, uno de los intendentes sacó el cuerpo, sujetándola de la cola, de una enorme iguana que se había ahogado en el lago artificial. El hecho parecía cotidiano, porque el jovial administrador ni se inmutó, sino que le ordenó que la guardara (a lo mejor estaba buena para una sopa).

La realidad es que al parque nadie le puso atención hasta que fue el foco de señalamientos mediáticos por parte de algunos actores políticos, que buscaban --más que ayudar genuinamente a la reactivación de este espacio-- los reflectores para proyectarse como luchadores sociales ante la población.

En ese tenor, el mensaje de la vocinglería electorera era que se iba a privatizar; que el gobierno había vendido ese espacio; que se le escatimó a los colimenses un lugar público para su recreación y divertimento; que el gobernador había hecho un negociazo y que ahora iba a privatizar a todo el estado… todo eso resultó ser una mentira, una patraña, un recurso propagandístico para soliviantar los ánimos poselectorales.

El tiempo y los hechos, más que cualquier laboriosa falacia, se encargaron de desmentir estos señalamientos, pues quien haya visitado el Ecoparc puede comprobar la diversidad de fauna silvestre y exótica –jirafas, felinos salvajes, hipopótamos, dromedarios, etcétera--, bien resguarda con una infraestructura vistosa, atractiva.

Este espacio pasó de ser un jardín grande a convertirse en un zoológico safarie que preserva la vida silvestre, pues muchos de los animales que resguarda están en peligro de extinción y sólo pueden vivir en cautiverio. Además de detonar turísticamente el primer cuadro histórico de la capital, se generaron empleos y se fomentó aún más el desarrollo comercial, propiciando una mayor dinámica económica.

Todo esto es precisamente lo que un gobierno debe hacer: buscar los esquemas de financiamiento adecuados para mejorar las condiciones de la población y traer un mayor desarrollo económico, que revitalice el turismo y genere mayores oportunidades de empleo. Un gobierno no es un administrador de parques. Por cierto, desde que se creó, el Ecoparc mantiene los precios accesibles y da entrada gratuita a los estudiantes, con la diferencia de que, ahora sí, los escolapios tendrán algo interesante que ver en este espacio.

Con este antecedente, Ignacio Peralta disipa cualquier sospecha de privatizaciones en prejuicio de la población, pues en ningún momento se enajena un bien público, sino que a través del mecanismos legal adecuado se mejora su infraestructura, se le da un óptimo mantenimiento y se incentiva su desarrollo con una atinada óptica administrativa, sin afectar a los colimenses.

Dos puntos

Elba Esther regresó como aquellas aves de mal agüero que vaticinaban catástrofes. En este caso, ya dijo que su lado está con los maestros, seguramente robándoles sus cuotas sindicales, pues como lideresa del magisterio se dedicó a enriquecerse acosta de los docentes: 2 mil millones de pesos desvió y sacó, de manera ilegal, de cuentas del SNTE a través de otras personas, tanto privadas como morales. La maestra todavía tiene expedientes abiertos de investigación y sus colaboradores más cercanos están, aún, en prisión por estos delitos. López Obrador cometería un grave error de incorporar a gente de Elba Esther –o a la misma maestra—en la Secretaría de Educación Pública (SEP), ya que la ex lideresa magisterial es el símbolo más emblemático de la corrupción en México. Sería una incongruencia que difícilmente le podrían perdonar sus seguidores, inclusive hasta sus amlovers. 

CESAR BARRERA VAZQUEZ

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