COLABORACIONES

LA HORA DE LOS RECLAMOS

Septiembre 28, 2017



Con asombro para unos y sin recato alguno, se inició el reparto de culpas y responsabilidades sobre los hechos trágicos que provocaron los sismos.

Todavía no se termina con la posibilidad de encontrar personas vivas bajo los escombros, ni estos han sido retirados, ni mucho menos la vida regresa a la normalidad y se nota la saña en algunas áreas donde resaltan abusos, se difunden informaciones falsas y se advierte el rechazo que sufren algunas autoridades, señaladas por su alejamiento de la población.

Los hay de todo tipo, entre las autoridades, las que pronto acudieron en auxilio, otras más que se pasmaron y las que abusaron de su entorno para fijar sus propias reglas.

Eso lo recordarán los ciudadanos el próximo primero de julio, en ocasión de elegir a sus nuevas autoridades o a sus representantes populares, para cobrar con creces esas facturas que hoy quedan pendientes.

Ahora lo importante es agotar, hasta lo último, el rescate de posibles sobrevivientes e iniciar los procedimientos que garanticen el regreso de la gente a sus hogares, los que estén en buenas condiciones y no hacer como sucedió hace 32 años que edificios o construcciones en riesgo de derrumbarse queden de pie.

Cientos de viviendas y oficinas se encuentra a la espera de ser certificados por protección civil, aunque estos se encuentran copados de peticiones y no pueden atender con la prontitud que se requiere y en muchos casos solamente hacen una visita de observación, sin darle seguimiento.

El Colegio de Ingenieros Civiles lanzó una alerta sobre esas revisiones por encimita y el riesgo que se corre que niños regresen a sus centros escolares, trabajadores a sus lugares de labores o vecinos a sus domicilios, sin que realmente se certifique la seguridad.

Y es que existen decenas de historias sobre el eventual contubernio entre autoridades, constructores y dueños de algunos de los predios afectados.

Una de las historias que circula es la referente al Instituto Tecnológico de Monterrey, en su plantel del sur, donde murieron cinco personas y se colapsaron varias de las construcciones, pero hay una historia detrás de esto, ya que durante el sismo del pasado 7 de septiembre, varias de esas construcciones se resintieron.

Se trata de investigar a fondo lo sucedido, pues las inundaciones de la zona sur y el sismo del 7 de septiembre, dañaron edificios. Después de eso se hicieron peritajes que determinaron que las instalaciones eran usables. ¿Entonces qué pasó?

El Colegio Rebsamen que sería usado como emblema de la solidaridad ciudadana y eficacia de las autoridades, especialmente las militares, muestra sombra de dudas sobre los permisos con que trabajaba.

El edificio de Bolívar en la col Obrera, deja en claro otra historia nebulosa de confinamiento de costureras y varias construcciones de la colonias Roma, Condesa, Del Valle, Portales, Tlalpan y otras zonas más de la capital del país enseñan los recursos de constructores, desarrolladores, autoridades mayores y menores y demás personajes que involucrados en algunas corruptelas permiten el transgredir las normas establecidas.

Son varias empresas que tendrán que responder ante las autoridades por la baja calidad de los materiales de construcción, además de no adecuarse a las leyes en la materia de construcción, quienes deberán señalar también a las autoridades que les permiten ese tipo de actuaciones.

Si algo queda claro en esta contingencia fue la respuesta ciudadana, nuevamente las muestras de solidaridad, tanto interna como externa, la respuesta de algunos países que se encuentran en zonas sísmicas, los que podría ser de gran ayuda aportar experiencias y no solamente su labor de rescatistas.

La lección del 19 de septiembre de 2017, queda como la del mismo día, pero de 1985, con sangre, sudor y lágrimas, provocadas por la tragedia, la pérdida de vidas y de efectos materiales y personales, que hacen que cambie la vida.

Pero como hace 32 años, es el momento de la reconstrucción, no solamente de lo caído, sino de todo el país, haciendo una evaluación sobre una mejor forma de enfrentar esta clase de contingencia, considerando que somos propensos a los fenómenos naturales y que huracanes, tormentas tropicales, depresiones tropicales, sismos y movimientos telúricos de todo tipo se presentan con una gran constancia.

Es cierto que existen el Centro Nacional de Prevención de Desastres (el Doctor Carlos Valdés, hace un gran trabajo), el otro es el Fondo Nacional Desastres Naturales, donde llegan personajes improvisados que no reaccionan ante la magnitud de las tragedias como sucedió con José María Tapia Franco, en la contingencia provocada por el huracán Manuel en 2013 y su estela de muertos (123) y desgracias dejadas en el camino.



Se terminaron los viajes gratuitos en la CDMX, por parte del servicio de transporte operado por el gobierno capitalino. A partir del jueves, Metro, Metro bus y demás transporte regresará a su tarifa habitual.



Uno de los sitios donde se produce la violencia de gran forma son los centros penitenciarios, reclusorios o como se les quiera llamar. Son frecuentes los enfrentamientos entre la población carcelaria con saldos de muchos muertos.

Reclusorios de Nuevo León, Tamaulipas y otras zonas del país, dan cuenta de ello, ahora correspondió a Chihuahua, donde catorce personas murieron y otras más quedaron heridas.

Las autoridades se lavan las manos y las medidas de seguridad son las mismas, sin redoblarlas o implementar unas con mayor control de la población carcelaria. Es terrible que aunque la mayor parte de los reos sean delincuentes comprobados (hay inocentes también) caigan muertos en una matanza generalizada.



Email: ramonzurita44@hotmail.com

Ramón Zurita Sahagún

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