COLABORACIONES

LA FIESTA DE COLIMA:

Mayo 10, 2017

Con el Festival del Volcán el centro histórico se beneficia enormemente. Lo que deben hacer los comerciantes es potenciar los beneficios y no magnificar los costos.

ESTACIÓN SUFRAGIO

Adalberto Carvajal



La opinión general es que el Festival del Volcán 2017 fue un éxito. Apenas en su segunda edición se apuntala como la fiesta popular más importante del municipio capitalino, en el entendido que la Feria de Todos los Santos es un festejo de carácter estatal.

Todavía le falta sobrevivir a este ayuntamiento para saber si el evento anual quedará instituido de manera definitiva, pero sí podemos adelantar que los futuros alcaldes harían mal en no continuarlo y no realizarlo por lo menos con sus actuales dimensiones.

Tampoco es cosa que el Festival crezca desmesuradamente y pierda las característica que hoy lo hacen tan interesante. Para empezar es un evento netamente urbano. Y en un estado donde hasta a la fiestas de mayo en Manzanillo han tenido un desfile a caballo, hacen falta alternativas a la oferta musical y de espectáculos pretendidamente rural que, en realidad, contiene sobrados elementos de narcocultura.

El del Volcán es un festival sin jaripeos, sin cabalgatas ni cantantes de narcocorridos. El repertorio de “música regional mexicana” se ha cubierto con grandes exponentes vernáculos, este año Aída Cuevas, el Mariachi Vargas de Tecalitlán y el Ballet Folclórico de la Universidad de Colima. No dudo que en los próximos años tengamos conjuntos y solistas de música norteña en el escenario principal, pero de eso hay mucha oferta ya en los palenques y los bailes de la feria.

A la estridencia de la banda sinaloense, el Festival del Volcán opone una creciente oferta de salsa, merengue y cumbia, además de otros géneros urbanos como eso que suelen llamar el indie pop y del que este año tuvimos en conciertos gratuitos a tres de las divas con voz lánguida: Carla Morrison, Mon Laferte y Julieta Venegas. Como Natalia Lafourcade estuvo el año pasado, con Ximena Sariñana el próximo tendríamos más o menos completa la nómina de las cantantes de fusión.

La verdad es que los organizadores del Festival del Volcán lo pensaron muy bien: ocurre luego de las vacaciones de primavera (Semana Santa y Pascua), cuando en el estado ya concluyó el ciclo de fiestas charro taurinas que arrancan con Cuauhtémoc, siguen con la feria de Todos los Santos y continúan con Comala, Armería, Coquimatlán y Tecomán, para cerrar con Villa de Álvarez, por no mencionar las festividades en incontables comunidades rurales que se dan en ese mismo periodo.

Es un acierto que una administración panista replique en Colima actividades que iniciaron en la ciudad de México los gobiernos del PRD. Y es encomiable que un alcalde que no nació en Colima se preocupe por generar acciones que fortalecen la identidad colimota.

Para disfrutar de un programa amplio y diverso, pero compatible con los diferentes gustos, la población de la zona metropolitana se apropia del centro histórico durante más de una semana. Vienen también gente de los municipios costeros y de los estados vecinos a disfrutar de algo que siempre le ha faltado a la Feria de Todos los Santos: un teatro del pueblo con buenos espectáculos… gratuitos.

Pese a las publicitadas quejas por micción y fecalismo al aire libre (como en ninguna fiesta callejera hay letrinas portátiles, la gente ni las busca aunque en este caso sí había pero no eran suficientes), el centro histórico como corredor mercantil se beneficia enormemente de la afluencia de visitantes. Lo que deberían hacer los comerciantes es potenciar los beneficios y no magnificar los costos.

Algunos se siguen quejando por los cortes a la circulación vehicular diciendo que les restan ventas, pero en muchas ciudades donde hay acontecimientos como este que congregan a personas hasta altas horas de la noche, por ejemplo viernes y sábado en los distritos de bares y restaurantes, las tiendas de ropa y otro tipo de expendios permanecen abiertas hasta las 23 horas para atraer a los peatones.

¿Por qué en las tiendas departamentales al norte de la ciudad hay ventas nocturnas y en los centenarios almacenes de prestigio que están frente al jardín Torres Quintero, no? ¿Para no prestar los baños?

Por cierto, un conocido hotel rompió su disposición de no permitir el acceso a los excusados a quienes no son clientes, si los usuarios daban un donativo a la Cruz Roja. Pero Palacio de Gobierno cierra sus puertas cuando, por una medida de elemental atención ciudadana, deberían haber remodelado los sanitarios de la planta baja que dan vergüenza en un edificio que es museo.

Afortunadamente la cooperación entre las autoridades municipales y las estatales se dio bien en cuanto a la estrategia de seguridad, pero en otras se evidenció el celo. La fiesta se dio en varias manzanas del primer cuadro, pero la mayoría de la gente no vive en el centro. A la Secretaría de Movilidad le correspondía modificar los horarios del transporte urbano para que la gente pudiera regresar a su casa después de hora. Aunque las familias de clase media hubiesen podido pagar el taxi, el problema es que no había.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna se puede leer también en: www.aacb2.com.

ADALBERTO CARVAJAL

¡ANÚNCIATE AQUÍ!