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COLABORACIONES
GOBERNAR CON LAS VÍSCERAS
Septiembre 14, 2026
VOCES DE LA CIUDAD
Arq. Sergio García Alcaraz
GOBERNAR CON LAS VÍSCERAS
Algo está pasando en las cúpulas políticas del país y del estado: cada vez se dialoga menos y hay más discusiones y pleitos.
El senador priista Alejandro Moreno Cárdenas y el senador de la ultraizquierda Gerardo Fernández Noroña pasaron de los insultos a los empujones y manotazos. Recientemente también cruzaron descalificaciones el propio dirigente nacional del PRI y el senador de Movimiento Ciudadano Clemente Castañeda Hoeflich, quien le espetó que carecía de “autoridad moral ni para convocar a una borrachera”. Alito respondió aludiendo a las polémicas protagonizadas por Samuel García Sepúlveda y Jorge Álvarez Máynez.
Ese parece ser el nivel de la política mexicana en tiempos de la Cuarta Transformación.
Cierto es que la ausencia de civilidad no es exclusiva de México. Donald Trump ha convertido la confrontación y el ataque sistemáticos en su estilo personal de ejercer el poder.
Más preocupante aún es que quienes gobiernan y representan las instituciones de la República y del Estado mexicano, y debieran ser ejemplo de civilidad, estén normalizando distintas formas de violencia: física, cuando llegan a los golpes; verbal, cuando insultan y ridiculizan; y desde el poder, cuando recurren a la exposición pública, la descalificación o la intimidación contra quien piensa diferente.
Y luego nos preguntamos por qué tenemos una sociedad tan confrontada.
En México se ha vuelto demasiado fácil responder a una crítica con una etiqueta: conservador, ultraderechista, prianista, corrupto o traidor a la patria.
Lo mismo se reproduce en lo local: en lugar de responder qué está bien o qué está mal en un señalamiento u observación, se cuestionan las intenciones o la integridad personal de quien expresa su disenso.
El sábado 5 de septiembre de 2026, durante la visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Colima, hubo ciudadanos que protestaron y abuchearon para reclamar por las afectaciones a los salineros de la Laguna de Cuyutlán ante la ampliación del puerto de Manzanillo.
La respuesta de quien representa a todos los mexicanos fue llamarlos “prianistas” y pedir que fueran ignorados.
Pero en un país que se precie de ser democrático, sus mandatarios también deben escuchar a quienes disienten y a quienes piensan diferente. Gobernar exige escuchar al que cuestiona, al que protesta y hasta al que esté equivocado.
Lo que menos debería importar es la filiación partidista de quienes ejercen su derecho a protestar contra lo que consideran excesos o abusos del gobierno. Quien gobierna representa también a quien no votó por él, a quien no lo aplaude y a quien piensa diferente.
Mientras las cúpulas políticas se empujan, insultan, etiquetan y descalifican, los verdaderos problemas del país siguen esperando soluciones.
Tiempo es ya de exigir algo elemental a quienes tienen en sus manos el poder:
Menos vísceras para reaccionar y más cabeza para gobernar.
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