COLABORACIONES

Estamos solos

Mayo 18, 2017



César Barrera Vázquez

Cecilio Pineda, Ricardo Monluí, Miroslava Breach, Máximo Rodríguez, Filiberto Álvarez y el lunes de esta semana, Javier Valdés; esos son los periodistas que en este 2017 fueron asesinados, en diferentes fechas y circunstancias, pero por el mismo motivo: ejercer su profesión.

Antes mataron a Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en Veracruz; a Víctor M. Baez, corresponsal de Milenio, también en Veracruz; y mucho más periodistas fueron asesinados antes. Para ser exactos, del 2000 al 2017, de acuerdo a fiscalías especializadas en este tipo de delitos, han ejecutado a 114 periodistas en México.

El número no dice nada. Mañana pueden ejecutar a otro, incluso uno cada mes, y la indolencia se mantiene. Estamos solos. Poco antes de morir baleado en la calle, Javier Valdez declaró que la sociedad no respalda al periodismo; no respalda el periodismo de investigación, ése que convulsiona a la clase política corrupta y a los grupos delictivos porque los expone a la luz pública.

Esos periodistas se están muriendo, se están acabando. ¿Vale la pena ejercer un periodismo de alto impacto, que desentrañe casos de corrupción o que visibilice las consecuencias de la violencia delincuencial y la drogadicción si está en riesgo la vida, si cuesta la vida de un periodista?

Mejor que sigan los Duartes, los políticos corruptos, que el pueblo –ese jodido que a nadie le importa- no tenga voz; porque ya no va a haber reporteros que se arriesguen por difundir una realidad que vaya a incomodar a un político o un grupo criminal.

Que se quede, para siempre, ese periodismo complaciente, de confort, de aire acondicionado de oficina y rueda de prensa en los restaurantes caros. El otro periodismo no sólo no es agradecido, sino que cuesta la vida.

El periodista, el buen periodista –ese que investiga, que desentraña, que inquiere, que indaga acuciosamente--, está en peligro de extinción; no sólo los salarios misérrimos y la falta de prestaciones en las empresas (que ni seguro social dan) difuminan los ideales de la profesión, sino que ahora también la violencia del hampa y la clase política está acabando con los periodistas.

Y toda esta ignominia sucede ante una sociedad apática que le da el mismo valor, al partido de futbol, que a un reportaje que revela actos de corrupción. Pronto se va acabar el periodismo y va quedar solamente un remedo de marketing político y el escarceo de las relaciones públicas. ¿A quién le conviene más esta clase de periodismo? ¿Quién es el principal perdedor? Tiene razón Javier Valdez: estamos solos. Jodidamente solos, agregaría.

Dos puntos

Lastima ver a los periodistas manifestarse sin el respaldo de las asociaciones civiles organizadas. La sociedad le está dando la espalda a quienes increpan y cuestionan las decisiones de autoridad, a quienes revelan, con preguntas, las personalidades de los políticos; le está dando la espalda aquellos que son caja de resonancia de sus planteamientos y quejas, y que también transmiten las realidades más oprobiosas, como la drogadicción, la violencia, la pobreza extrema. Si se acaba el periodismo crítico, la que pierde es la sociedad.

CESAR BARRERA VAZQUEZ

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