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COLABORACIONES

El problema es no ver el problema

Febrero 25, 2020


El presidente fue contundente: el problema de los feminicidios deriva de neoliberalismo. El actual régimen le ha achacado todos los males del país al neoliberalismo; el argumento es irrisorio porque el mismo gobierno es neoliberal, y es neoliberal porque le apuesta al T-MEC, que es lo mismo que TLCAN que celebró Carlos Salinas, el papá del neoliberalismo en México.
Es neoliberal porque la base de la producción sigue siendo la misma. El modelo económico no ha cambiado ni un ápice, a lo mucho se ha vuelto más populista, incluso más que con Salinas que enarboló Solidaridad.
Vaya, que nos explique Andrés Manuel López Obrador, por qué si el neoliberalismo es el causante de los feminicidios, en más de 20 años de gobierno de izquierda en la Ciudad de México, desde Cárdenas, pasando por el mismo Obrador hasta Sheinbaum, ese delito se ha disparado. ¿O hubo neoliberalismo también con AMLO cuando fue Jefe de Gobierno?
Y es que lo lógico sería pensar que en gobiernos de izquierda, presuntamente no neoliberales, el feminicidio no existiría o sería muy bajo, pero es todo lo contrario y el caso de Fátima está ahí, como una herida que no cierra para desvirtuar cualquier dogmatismo socialista o retórica de pseudo-izquierda.
Que nos explique, además, por qué en países neoliberales, como Chile, Japón, China, Francia, Alemania, Estados Unidos, no existen los niveles de violencia feminicida como aquí en México. Y es que lo lógico sería pensar que en esos países el feminicidio sería mayor que en México, pero es todo lo contario.
El problema, el principal problema, es no reconocer que hay un problema. El problema es culpar de todos los males al fantasma del pasado, al neoliberalismo, a los regímenes corruptos. El gobierno de la 4T está anclado en una retórica de buscar culpables en lugar de encontrar soluciones.
Lo risorio, lo irónico, es que le achaca todos los males a los gobiernos pasados, cuando los niveles de violencia eran menores, había más crecimiento económico y mayor generación de empleo. Estábamos mejor cuando estábamos peor: ahí la ironía.
Es ahora, cuando vivimos felices, el momento en que estamos peor: decrecimiento económico, recesión, desabasto de medicamentos, padres de niños con cáncer manifestándose, incremento de feminicidios, gobierno arrodillado ante grupos criminales como el del hijo del chapo, a quien incluso dejaron en libertad las mismas autoridades. Vaya la lista sigue.
Pero en lugar de ver una señal de humildad del gobierno y que reconozca que las políticas que están implementando están incrementando el problema –los números hablan por sí solos--, vemos al presidente necio, enfrascado en su soliloquio mañanero, despotricando contra el fantasma del pasado.
Antes era la mafia del poder, los conservadores, ahora es el neoliberalismo, cuyos integrantes cenan con él en palacio de gobierno y se sacan fotos. Son los representantes de bancos, los empresarios, los grandes capitales, los empoderados como Slim, quienes cenan tamales con el presidente: antineoliberal de día y un neoliberal de noche.
¿Dónde está la congruencia? ¿Dónde está el López Obrador que era un crítico mordaz de los gobiernos que crecían económicamente a 2.2 por ciento, pero que ahora con un cero por ciento de crecimiento guarda silencio? ¿El López Obrador que tomaba Pemex y mandaba al diablo las instituciones, pero que ahora pide a las feministas que no rayen las puertas de palacio nacional? Y sí, hay algo peor que robarle el dinero del pueblo, y esto es robarle su esperanza.
Dos puntos
La Universidad de Colima tiene su baluarte más importante en sus egresados y estudiantes. La calidad habla por este hecho y se acredita en los buenos resultados, que la ubican como una de las 16 mejores en todo el país. Si va haber cambios, estos tienen que surgir del consejo universitario, el máximo órgano de la universidad. No se pueden permitir injerencias mezquinas, en especial de actores que no son egresados ni provienen de la universidad, sino que buscan desprestigiarla y dañarla con fines partidistas. El llamado del rector de la UNAM, en ese sentido, es categórico y deja un firme precedente ante este tipo de injerencias partidistas.

CESAR BARRERA VAZQUEZ

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