COLABORACIONES

EL OBSTACULIZADOR INAH

Noviembre 27, 2017


José Luís Santana Ochoa


El mismo Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el estado, que durante muchos años le impidió a la comunidad estudiantil del Instituto Tecnológico de Colima tener más y mejores edificaciones para su capacitación y desarrollo pretextando que en sus terrenos ubicados sobre la avenida Tecnológico en el municipio de Villa de Álvarez dizque hubo asentamientos humanos prehispánicos que dejaron vestigios dignos de preservarse, y que siempre presto está a obstaculizar la modernización de casas y edificios pretextando la defensa de cualquier barda vieja, ahora está impidiendo con sus impertinencias de siempre la recuperación barrial del predio de 5200 metros cuadrados en el que las Madres Adoratrices operaron un colegio para niñas y señoritas, y cuyos edificios dejó seriamente dañados el temblor del 21 de enero del 2003.

“No permitimos que se demoliera la parte histórica, porque esa era la pretensión de los contratistas, dejar el lote baldío para construir sobre eso, entonces hay una restricción, no podrá demolerse. Estamos trabajando para que Colima crezca, se desarrolle con aprecio y conforme a los valores históricos culturales”, soltó muy ufano Héctor Álvarez Santiago, representante del INAH en Colima, quien no tuvo que esperar mucho por la respuesta, no de los contratistas de que habla, sino de los vecinos del predio que se ubica entre las calles Aldama, General Núñez y Allende de la capital del estado, y de otros ciudadanos que no se tragan la píldora que les está dorando el funcionario de marras.

“Esta es una jalada más de las muchas que hacen (los burócratas del INAH) / ¡Qué pendejo está el INAH ¡ Que él mismo ponga su dinero y lo remodele. La estructura está horrible. Ha de creer que es la capilla Sixtina el cabrón (Héctor Álvarez Santiago) / Por la terquedad del INAH a dar permiso de demoler algo que toda la gente de estos barrios sabemos que no es histórico, ya volvieron los robos a casas, cristalazos, en la noche seguido huele a petate quemado, en las ventanas por la calle Aldama se ve el humo de la quema de alambre, etc. Lo que debe desaparecer es el INAH”, fueron algunos de los airados reclamos de los cibernautas interesados en el tema.

Álvarez Santiago opina que “lo que era la capilla es una belleza. Que es más barato que el inversionista y contratista adecue e integre lo existente al nuevo proyecto, que demoler todo”, y alega que “el proyecto de construcción que se realice tendrá que respetar eso que está construido; pues es considerado histórico”, pero no convence ni a los inversionistas ni a los vecinos, mucho menos a la comunidad de historiadores, arquitectos, ingenieros, constructores, egresados del ITC, etc., que saben cómo se las gasta el INAH.

“La capilla no es lo único, sino que hay otros muros y elementos que son una parte importante en el rubro cultural. Ya tenemos prácticamente resuelta esa parte, ya sabemos qué es lo que tiene valor histórico; entonces estamos en esa función”, insiste montado en su macho quien ha descubierto belleza y valores culturales que nadie antes de él percibió en edificios que por salud pública debieron haberse demolido en su totalidad desde hace 15 años, y ahora que por fin hubo quienes hicieran algo al respecto el INAH se les atraviesa para impedirles rehabilitar dicho espacio urbano.

Lo único que logrará con su cerrazón el INAH Colima será dilatar el arranque de la construcción de las nuevas edificaciones, encarecerlas y dejar sin ingresos a decenas de trabajadores de la construcción. Los abogados de los inversionistas que le ganarán en tribunales la partida ojalá que le hagan pagar los gastos y perjuicios provocados por su abuso de poder, para que se aprenda a respetar, y lo obliguen a llevarse su capilla a donde le plazca.

EL ACABO

• Después de que durante años el INAH Colima obstaculizó el crecimiento de la infraestructura física del Instituto Tecnológico de Colima, éste logró que se le autorizara construir de acuerdo con sus planes y proyectos, pero nunca jamás lo compensó por el daño que le causó a generaciones de sus estudiantes su empecinamiento que fue a todas luces con la intención de impedirle al centro educativo su fortalecimiento y proyección para no incomodar a los dueños de la Universidad de Colima.


JOSÉ LUIS SANTANA OCHOA

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