COLABORACIONES

EL ARTISTA OBSCENO:

Julio 05, 2017



Ojalá tuviéramos más Cuevas y menos elefantitos en el arte urbano colimense.



Adalberto Carvajal



Muerto el lunes 3 de julio a los 86 años (genio y figura hasta la sepultura, se quitaba tres por pura vanidad), José Luis Cuevas estuvo vinculado a Colima por algo más que la Figura Obscena.

Para bien y para mal, por esta escultura se asocia al enfant terrible del arte mexicano con el gobierno de Fernando Moreno Peña. Pero, en realidad, Cuevas trató con varios gobernadores: desde Carlos de la Madrid hasta Silverio Cavazos, pasando por el ya mencionado FMP y Gustavo Vázquez.

Cuevas tuvo una relación larga y fructífera con Colima, desde 1996 cuando hizo su primer grabado en el taller de gráfica La Parota, hasta 2006 en que vino a reclamar los daños sufridos por la Figura Obscena cuando el alcalde capitalino, Leoncio Morán, intentó retirarla de su ubicación en la glorieta que entonces estaba en el cruce de avenida Camino Real y Tercer Anillo Periférico.

Quedan para el patrimonio de los colimenses no sólo esa polémica pieza de arte urbano, hoy colocada en los jardines del Complejo Administrativo del Gobierno del Estado, sino otras dos esculturas más pequeñas.

Una de metro y medio de altura, llamada precisamente La Escultora, que donó el propio Cuevas al pueblo de Colima y forma parte del acervo del Museo Nacional de la Gráfica que lleva su nombre. Además de otro bronce del mismo artista que cedió su colega Sebastián, y que se encuentra en el Jardín del Arte “Juan Soriano” (en Las Parotas).

Cuevas donó también a Colima su colección personal de gráfica y más de 30 grabados de su autoría, sin contar los cuatro que realizó e imprimió en La Parota, al taller que junto al Museo “José Luis Cuevas” estuvo primero en la casa del gobernador Arturo Noriega (en el centro histórico) y hoy se ubica en el Centro Estatal de las Artes, en Comala.

En ese taller nacional de Gráfica, La Parota, Cuevas realizó los grabados con los que ilustró su libro Las cartas a Bertha (su primera esposa, ya fallecida). Y del escritor quedan los artículos que publicó en la columna Cuevario que publicaba en Excélsior, y en los cuales se refirió a sus varias estancias artísticas en Colima, donde trabajó en su propia obra e impartió talleres a jóvenes creadores a quienes trató con una generosidad que seguramente nunca olvidarán.

Cuando murió Alberto Isaac en 1998, el autor de La Giganta prestó el Museo “José Luis Cuevas” de la Ciudad de México para que se realizara durante una semana un homenaje al cineasta, dibujante y periodista, que realizaron las secretarías de Cultura de Colima y el Distrito Federal. Los titulares eran Luis Ignacio Villagarcía y Alejandro Aura, por cierto.

Siempre controversial, Cuevas encabezó a la “generación de la ruptura” que en los años 50 se rebeló contra la tiranía de los muralistas (Rivera, Siqueiros, Orozco) y su escuela mexicana de pintura.

Autodidacta, Cuevas se creo la mala fama de sus monos horribles pero los dibujantes más académicos admiran “la línea” que hizo inconfundible su gráfica y reconocible sus esculturas.

Al ser uno de los artistas más falsificados, circula un chiste respecto a la forma en que los especialistas distinguen un Cuevas auténtico de un falso: si está bien hecho, no es original.

Mitómano, se inventó su propio personaje: un atractivo seductor al que ninguna mujer se le resistía. Y a quien rendía personal homenaje cada mañana con la fotografía que se tomaba y en las cuales fue dejando constancia de su envejecimiento, así como en sus muchos autorretratos.

Proyectaba en entrevistas y conferencias la imagen de un aventurero… atrapado en un cuerpo más bien pequeñito que empezó a deformarse en la vejez. Pero Cuevas era ante todo un artista y exploró los resquicios de la belleza.

Lo cual nos lleva a discutir los valores estéticos de la Figura Obscena. De entrada, la pieza vale por la firma. Es un Cuevas, y aunque a muchos no les guste vino a sublimar una estatuaria plagada de bustos y figuras a escala de próceres. Ojalá tuviéramos más obra de él, Soriano, Felguérez y Sebastián en nuestras calles y plazas, al tiempo que menos elefantitos, cocodrilos y tortugas, charros o cabalgatas.

Cuando en 2000 la exhibieron como parte de la exposición Libertad en Bronce (que llenó de esculturas el camellón de la avenida San Fernando), la Figura Obscena se veía preciosa colocada sobre un pedestal. Lo que Cuevas modeló en su taller era una pieza de un metro de alto, con manos y pies desproporcionados por razones de estilo. Pero luego, al ser fundida en gran formato, asustó a la gente con ese pene y esos testículos desmesurados.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esa columna también se puede leer en el sitio web CARVAJALBERBER: www.aacb2.com

ADALBERTO CARVAJAL

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