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COLABORACIONES

La violencia no cederá en Colima

Marzo 14, 2018


Lo que mal empieza, mal acaba.

Una nueva experiencia a través del medio que nos ofrece nuestro amigo Roberto González en su página Web Líneas Delgadas, esperamos que quienes nos lean les agrade las aportaciones que estaremos haciendo llegar a este medio. Que tengan un excelente miércoles 14 de marzo, ombligo de semana.

El gobierno de Felipe Calderón para lograr el consenso con el pueblo ante el poco margen con el que logró ganarle a López Obrador durante las elecciones del 2006, inició una lucha contra el narcotráfico planteada de manera erróneamente, perdiéndose la guerra, desde esa fecha hasta el presente.

Peña Nieto apostó en su lucha contra el crimen organizado por la misma estrategia: aumento de armamento, profesionalización de los cuerpos policiacos, sacar las fuerzas castrenses de sus instalaciones. Los resultados están a la vista, más homicidios, aumento el número de desaparecidos, incrementó de poblaciones inseguras en México, violaciones de los Derechos Humanos por parte de policías y fuerzas castrenses al por mayor, por la tanto, un Estado que no puede garantizar a sus ciudadanos paz es un Estado fallido.

La tranquilidad de nuestra entidad desapareció desde que se dio a conocer a la opinión pública la muerte del famoso narcotraficante: El Cochiloco, personaje conocido de muchos funcionarios, priístas y panistas, alcaldes colimenses, delegados; que gozaban de tertulias en un rancho que tenía este sujeto en las inmediaciones de Coquimatlán.

Durante los siguientes sexenios fue conocimiento de la vox populli -la cual no comparto, ni avalaré nunca-, que hubo un gobernante que negoció con el crimen organizado de que pasaran su droga por la entidad sin problemas, siempre y cuando no se comerciara en la entidad y dejaran una mochada.

Lo anterior, hasta la fecha se comenta en cafés, pláticas políticas, señalando: “éste sí sabía gobernar, no como los otros gobernadores que atacaron a un grupo para que crecieran sus protegidos”. Este tipo de comentarios son de conocimiento popular, con los cuales nunca estaremos de acuerdo, porque finalmente están generando adictos en Colima, por lo tanto, se está convirtiendo en un problema de salud significativo en la entidad y sufrimiento para los hogares.

Desde que inició la lucha contra el crimen organizado, en el Estado, la incidencia en este tipo de delitos ha crecido. La mayor parte de quienes han sido víctimas eran personas vinculadas con el narcotráfico. Muchos de los asesinados no son de Colima, inclusive, más de un colimenses se entera de los homicidio pero no dan mayor importancia porque simplemente no lo conocen.

Hoy ya no podemos decir que los muertos son desconocidos, ya hay familias colimenses que lloran, hay mutismo por parte de la Procuraduría en señalar las razones por la que ocurren los asesinatos de ciudadanos reconocidos en Colima, si son del fuero común o del fuero federal, máxime cuando la víctima se afirma: “llevaba una vida sana y bien”.

Hasta el momento los sicarios sólo habían tocado a quienes estaban inmiscuidos, es decir, sólo salían perjudicados quienes están en el negocio o convivían con ellos, más el homicidio que ocurrió la semana pasada con un empresario ha puesto a la sociedad en preocupación, por lo que preguntan: ¿hasta qué punto siguen salvaguardados los derechos de los ciudadanos de transitar en la vía publica en paz y con seguridad?

La presente administración estatal ha tenido un giro de 360º en su lucha contra el crimen organizado, mostrando seriedad en el tema, combatiéndolo a través de programas sociales, psicológicos, culturales y educativos, generados desde la Secretaria General de Gobierno, los cuales tienen avances, pese a esto, las muertes siguen y seguirán, porque la mayor parte de ellas están fuera de su competencia y sus aristas son económicas.

La verdad, el problema no será resuelto cambiando al procurador o Secretario de Seguridad, ni armando más a los cuerpos policiacos, ni incrementando el número de efectivos, ni trayendo más castrenses, sino a través de inteligencia y de una mano dura. Si hubiera trabajo de inteligencia federal desde cuando supieran donde están los sicarios y sus jefes. Lo cierto, la situación nos exige tener mayor responsabilidad, pero también el reconocimiento a la autoridad porque hay avances en la materia. Hasta la próxima entrega.

Bien por el Procurador por hacer la aclaración sobre el secuestro y robo de menores de edad en el Estado de Colima, este tipo de acciones evitan las conjeturas.

ALFONSO POLANCO TERRIQUEZ

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